Lunes, 9 de Noviembre de 2009

12 11 2009

Lunes, 9 de Noviembre de 2009

Decía Groucho Marx que la felicidad está hecha de pequeñas cosas: tener un pequeño yate, una pequeña fortuna, una pequeña mansión………..Pero no voy yo por ahí. Aunque sí es verdad que lo que hay que hacer son esas pequeñas cosas que nos ayuden a ser un poco mejores. Como ya dije anteriormente ser cristiano, seguidor de Jesús, es muy dificil pero podemos empezar por esas cosillas que no cuestan ningún trabajo y que sí nos dan, y pueden dar a los demás, la felicidad. Por ejemplo una sonrisa, un saber callarse a tiempo, un saludo, una palabra amable, una atención en un determinado momento, un pedir perdón y saber perdonar, y un largo etc.

Esas pequeñas cosas sí dan la felicidad. Luego, con el tiempo, ya estaremos preparados para otras cosas. El caso es que nosotros pongamos ese poco de nuestra parte y Dios hará el resto.

En algunas ocasiones he oido decir a algunas personas que ellos son creyentes, pero no son practicantes. Eso es como hacer una paella sin arroz. Dicen ser no practicantes porque no tienen tiempo. ¿Que no tienen tiempo para dedicar una sonrisa?¿Es que no tienen tiempo para estar un ratito dedicado a sus hijos?¿No tienen tiempo para dedicar a un amigo que les necesite, o para dar unos buenos días con amabilidad?¿Es que no tienen tiempo para saludar a un vecino en la escalera? Sin embargo sí hay tiempo para criticar al prójimo, para hacer ruido y molestar a los demás, para ser envidiosos, y un larguísimo etc…

Ya dije lo de las bienaventuranzas. Desde mi punto de vista una de las mejores es la de la humildad, sin desmerecer las demás, claro. Siendo humilde sé es todo: pacífico, misericordioso, limpio de corazón….. Siendo humildes yo creo que conseguiriamos grandes cosas. Nosotros no somos más que nadie. Yo creo que siendo humildes pensaríamos más en los demás y menos en nosotros mismos.Pero ¿que es la humildad? EL VATICANO - CELEBRACION JUEVES SANTO

Habitualmente se tiende a confundir la humildad con una falta de autoestima o incluso con un gusto por ser blanco de humillaciones.Sin embargo ser humilde es otra cosa: es aceptarse de modo lúcido y sereno tal y como somos, con nuestros defectos y limitaciones, pero también con nuestros talentos y capacidades, y todo ello bajo la mirada amorosa del Dios Padre que nos acoge sin condiciones.Ese sabernos amados por Dios es lo que nos llevará a aceptar a los hermanos tal como son, y a caminar por la vida sin egoísmo, soberbia, desprecio o desdén hacia los demás.

   Así aprenderíamos a respetar y conseguiríamos respeto. No nos haría falta la violencia para imponer nuestra voluntad. No harían falta leyes que diesen derecho a las mujeres, pues nos veríamos de igual a igual. “Hombre y mujer los creó” dice el Génesis. Respetaríamos la propiedad de los demás y no andaríamos destruyendo cosas, respetaríamos la vida y no pensaríamos que el aborto es un derecho (de esto ya hablaré otro día). En fin, lo podríamos aplicar a un sinfin de cosas. El Señor vino a servir y no ha ser servido. Tomemos ejemplo de cuando Él lavó los pies a sus apóstoles en la Santa Cena. Hay que ser muy humide para hacer esto.

Todos estamos llamados a la santidad y los santos empezaron por pequeñas cosas.

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