Viernes, 6 de Noviembre de 2009

12 11 2009

Viernes, 6 de Noviembre de 2009

Alimentarse de Jesús. Logicamente, alimento para el alma y el corazón. Pero para que nos entre Jesús, antes tenemos que vaciarnos de otras cosas, vaciarnos de aquello a lo que estamos apegados e impide que Jesús entre dentro de nosotros. ¿Que cosas impide entrar a Jesús? Muchas y variadas: la envidia, la soberbia, el orgullo, el ansia de tener, el rencor, y un largo etc…familia1[1]

Un buen comienzo y un buen punto de partida sería empezar por las bienaventuranzas. Mateo 5, 1 y siguientes. Bienaventurados los humildes, los pacíficos, los misereicordiosos, los limpios de corazón, los que tienen hambre y sed de justicia. Ser así no significa ser tontos, ser así es estar cerca de Dios y cerca del Reino que Jesús nos anuncia. ¿No es verdad que si hubiese más personas así, el mundo estaría mejor, estaría más cerca de parecerse a ese Reino? Pues nada, nosotros nos empeñamos en ir a nuestra bola, en ser egoistas, en pensar en nosotros mismos, y en creer en falsos profetas e iluminados que nos hacen creer que el poder está en sus manos y que son ellos los que arreglarán el mundos (los dirigentes políticos, ya me entendeis). Así nos va.

Debemos empezar por construir El Reino en nuestras propias casas, con nuestras propias familias. Yo creo que es bueno empezar de esa forma. No sé, vamos a empezar por ahí y a ver que tal.

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