25 de Enero de 2010

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Ayer leí en un libro (El médico de Sefarad, de César Vidal, el cual recomiendo) un relato que viene a resumir todo lo que yo intento decir en este blog. El protagonista, siendo niño, estudiaba la Torah guiado por su padre que era rabino en una sinagoga. Un día, mientras estudiaba,  leyó un texto que decía: ” Bendito serás más que todos los pueblos. En ti no habrá ni hombre ni mujer esteril, ni en tus ganados. Y quitará Adonai (Dios) de ti toda enfermedad; y todas las plagas malas de Egipto que conoces, no las hará recaer sobre ti…..”.

El niño detuvo la lectura y pregunto a su padre: –Padre, aquí nos enseña la Torah que Adonai liberará a los hijos de Israel de cualquier enfermedad, ¿verdad? .–Sí, – respondió el padre. Entonces,-continuó diciendo el niño- Si Adonai ha prometido que quitará las enfermedades de los hijos de Israel que vivan de acuerdo a la Torah, ¿significa eso que podemos confiar en que curará siempre nuestras dolencias?. -Sí, en eso podemos confiar,- continuó el padre.

Y aquí viene la pregunta que lanzó el niño, y que a mi me gustó mucho: ¿ Y por qué necesitamos médicos si de todas formas Adonai se ocupará de sanar nuestras enfermedades?

Y la respuesta del padre fue perfecta:

– Mira hijo, deseo contarte una historia: Hace ya muchos años unas lluvias inesperadas provocaron el desbordamiento del rio y las aguas anegaron los campos y las casas de los habitantes que vivían cerca de la ribera. Entre las victimas de la riada se encontraba un perfecto hijo de Israel. Su morada se encontraba en la falda de una montaña, pero al contemplar que las aguas comenzaban a subir más y más, se puso a orar a Adonai para pedirle protección. Suplicó convencido de que tenía poder para salvarlo. Apenas concluyó la oración, llamaron a la puerta. Eran dos primos suyos que venian para que se fuese con ellos y ponerse a salvo, ofreciéndole una mula que tenían de sobra. Rechazó el ofrecimiento, convencido de que Adonai vendría en su ayuda. Volvió a asomarse por la ventana y vió que el agua seguía subiendo y devoraba todo a su paso. Entonces volvió a orar y suplicó a Adonai que lo liberara. De nuevo llamaron a la puerta. Pensó que era un angel enviado por Adonai, pero se trataba de un vecino de la aldea que huía de la riada y le ofreció un sitio en su carro. Está vez dudó un poco peró pensó que tenia que ser más fuerte en su fe y rechazó la invitación del vecino. El agua ya chocaba contra  los muros de la casa, y colocó un taburete encima de la mesa y, como el techo era de paja, hizo un agujero y subió al tejado. Desde allí veía como el agua subia más y más.  Al poco tiempo vió llegar una barca en la que iban dos soldados del rey que recogían a las personas que todavía no habían podido escapar de las aguas.

A todo esto, el niño se preguntaba para sí, porque Adonai todavía no había acudido a ayudar a un hombre de una fe tan extraordinaria.

Naturalmente, continúa el relato, el hombre rechazó también la ayuda de los soldados, confiando en que Adonai vendría a salvarlo. Cuando ya el agua llegaba casi hasta sus pies, el hombre gritaba y suplicaba: ” Adonai, Adonai. He confiado en Ti. He creido en Tí. He descansado mi alma en Tí. Y no me has oido. ¿Así guardas la palabra que diste a tu pueblo, Israel. Entonces en ese momento se abrío un claro en el cielo del que salió un rayo de luz. No se escuchó nada, pero el hombre sabía que era Adonai y se postró en tierra. Se oyó, entonces la voz de Adonai: ” He escuchado tus súplicas y te envié a tus primos, luego envié a tu vecino y finalmente impulsé a los soldados del rey. ¿Que más necesito enviarte para que decidas salvarte?

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Muchas veces nos quedamos esperando a que Dios actúe directamente y que solamente Él puede ayudarnos. Si promete que nos alimentará, esperamos encontar alimentos en la puerta de casa; si promete que nos curará, contamos con sanaciones milagrosas. Si pensamos así solo demostramos nuestra ignorancia. Dios nos da de comer proporcionándonos trabajo, talento o fuerza;  y nos cura a través de los médicos. Dios nos ayuda siempre por medio de otras personas, al igual que también nos utiliza a nosotros para ayudar a otras. Y pongo como ejemplo, otra vez, el tema de Haití. Dios no ha abandonado a estas pobres gentes. Las catástrofes naturales ocurren, pero estas gentes no están solas. Dios nos manda a nosotros para que que acudamos en su ayuda.

Hagamos lo que la oración de San Francisco de Asís dice:

Haz de mí, Señor, un creador de cosas vivas.
Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.

Que donde haya odio, ponga amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde hay duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Haz, en fin, Señor que no me empeñe tanto
en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.

Porque dando es como se recibe.
Olvidando es como se encuentra.
Perdonando se es perdonado.
Y muriendo se resucita a la vida que no conoce fin.

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Un comentario sobre “25 de Enero de 2010

    MARIA MAGDALENA escribió:
    25 junio 2010 en 15:45

    Dios siempre esta con nosotros, simplemente nos acupamos tantos que no nos damos cuenta y cuando estamos desesperado nos recordamos de El. debemos tener conciencia de que dios esta ahi en las buenas y en las malas simplemente abre tu rozaron y dejalo entrar y ya veras que en las mininas cosas el te acompaña. IMAGINA a veces tenemos que enfermar para entender el sufrimiento de DIOS por nosotros, cada dia el me sostiene porque sola no puedo y me permite hacer cosas que otras personas no podrian si estubieran en mi condiccion, adradesco a EL cada dia que me permite en esta tierra a la cual benimos de paso. DIOS TE BENDIGA.

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