Lunes, 12 de Abril de 2010

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Por supuesto, no voy a olvidar el maravilloso regalo que nos dejó Jesús en esa noche de Jueves Santo: La Eucaristía. “Tomad y comed, este pan es mi Cuerpo” “Tomad y bebed, este vino es mi Sangre” Con estas palabras Jesús nos invita a que nos alimentemos de Él. Comerlo y beberlo para sentirlo dentro de nosotros. Para que Él y nosotros estemos en comunión, en común unión. Unidos para que nos dejemos llevar por su Espíritu.  Espíritu de servicio, de Amor a Dios y a los hermanos. Y este es el sentido de la comunión.

Hacer entender esto a los niños es tremendamente dificil, y a sus padres no digamos. Vivimos en un sociedad de consumo brutal y convierten este precioso sacramento en algo banal. No creen que el verdadero regalo es comulgar con Jesús, creen que el mejor regalo es aquél que sea más caro ( Play Station, viaje a Euro Disney…etc). No ven la comunión, no la ven. Por eso, ahora que se acercan las fechas de las Primeras Comuniones, yo me siento triste. Sé que he hecho mi labor, pero siento que no dará fruto, ó dará poco. De todas formas, yo no pierdo el ánimo, porque al mismo tiempo que me siento desilusionado también me siento recompensado. Es algo difícil de entender, lo sé, pero así es como me siento.

Yo, que quieres que te diga, me quedo con la auténtica comunión, la que de verdad te hace feliz. Para un cristiano es vital. Si no nos alimentamos de Él, andaríamos perdidos, seguro. Común unión, unidos en un mismo caminar, en un mismo sentir. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Para esto hay que comulgar, para esto es la comunión.

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